








2 FEBRERO
Julia se ha ido esta mañana a hablar con el teniente-coronel Muñoz a la agregaduría militar española en Washington. Sólo pensarlo… da miedo. Pero ahí se ha ido, con un par a ver si le echan una manita con su empresa. Yo me he quedado en el hotel completando el boletín de la bodega y preparando algún mail para enviar el martes.
A mitad de mañana vuelve con no muy buenas noticias, pero no dejamos que nos amargue el día. Todavía tenemos 8 horas por delante en Washington. Así que dejamos las maletas en el lobby del hotel y nos vamos al Capitolio a hacer una visitilla. Una visita… al centro de visitantes again, porque no te enseñan el capitolio por dentro. Simplemente hay un subtarraneo muy cerca donde hay unas salas en las que te hablan del edificio, sus habitantes, sus habitaciones… No está mal, pero no deja de ser un poco decepcionante. Imagino que siempre será así pero además, hay que añadir que todavía están desmontando todos los escenarios del día del nombramiento de Obama.
Nos conformamos con unas fotos por afuera, aprovechando que hace un dia magnifico y nos vamos hacia el Mall, el paseo donde se encuentran todos los museos. Curiosamente, todos son gratis. Decidimos echar un vistazo a la National Gallery of Art, donde aprovechamos para comer, siguiendo la recomendación de la Lonely Planet. Al final, nos decantamos por el buffet libre de ensaladas (hoy ya toca un poco de verde). No se si he explicado todavía que aquí esto funciona al peso: te echas todo lo que quieres y hay establecido un precio por libra. Sale bien si coges mucha lechuguilla y tal, en el momento que caes en los tomates y los huevos duros, la ensalada se va de precio....
El museo es un edificio enorme cuyas alas se comunican por pasillos que parece que nunca acaban. Nos conformamos con una corta visita a la zona de arte moderno, que es mi prefe, porque no hay mucho tiempo.
Seguidamente, entramos al National Museum of Natural HIstory. Como su nombre indica, está dedicado a la historia animal. Está muy bien montado porque hay salas temáticas donde encuentras animales a tamaño natural: desde los océanos hasta la selva, pasando por los dinosaurios. Es perfecto para niños y muy interesante para mayores. Nos emocionamos tanto dentro que, a la salida, ya no hay tiempo para ir al museo del espacio, que pintaba bastante interesante pero… otra vez será.
Ya de vuelta al hotel, pasamos cinco minutos por un “a bou pain”, una cadena de “panaderías” donde tienen un montón de pasteles, galletas, croissants con una pinta de vicio! Nos damos un homenaje y cogemos las maletas. Un señor muy amable del hotel sale a la calle con nosotras y empieza a tocar el silbato para parar un taxi! Flipante. El pobre se pegaría unos 5 minutos allí soplando. No creas que vino el taxi pronto… Le damos las gracias con una gran sonrisa y nos metemos pa dentro preguntándonos si deberíamos haberle dado propina. Pobre, la verdad es que se lo curró…
Una vez en la estación de tren, recogemos nuestros billetes en una maquinita pasando el código de barras del papel que imprimimos en casa. Así da gusto… y ala, de vuelta a la ctiy. Ya tengo ganas de ver movimiento por las calles otra vez.
Francamente… Washington tiene muchas cosas que ver pero, finalmente, todas son increíblemente parecidas: edificios grandes, de piedra blanca y con columnas gordas tipo el Partenon de Grecia. Así es el Capitolio, la Casa Blanca, el Lincoln Memorial, el museo de historia natural, la National Gallery… ¿sigo?
Julia se ha ido esta mañana a hablar con el teniente-coronel Muñoz a la agregaduría militar española en Washington. Sólo pensarlo… da miedo. Pero ahí se ha ido, con un par a ver si le echan una manita con su empresa. Yo me he quedado en el hotel completando el boletín de la bodega y preparando algún mail para enviar el martes.
A mitad de mañana vuelve con no muy buenas noticias, pero no dejamos que nos amargue el día. Todavía tenemos 8 horas por delante en Washington. Así que dejamos las maletas en el lobby del hotel y nos vamos al Capitolio a hacer una visitilla. Una visita… al centro de visitantes again, porque no te enseñan el capitolio por dentro. Simplemente hay un subtarraneo muy cerca donde hay unas salas en las que te hablan del edificio, sus habitantes, sus habitaciones… No está mal, pero no deja de ser un poco decepcionante. Imagino que siempre será así pero además, hay que añadir que todavía están desmontando todos los escenarios del día del nombramiento de Obama.
Nos conformamos con unas fotos por afuera, aprovechando que hace un dia magnifico y nos vamos hacia el Mall, el paseo donde se encuentran todos los museos. Curiosamente, todos son gratis. Decidimos echar un vistazo a la National Gallery of Art, donde aprovechamos para comer, siguiendo la recomendación de la Lonely Planet. Al final, nos decantamos por el buffet libre de ensaladas (hoy ya toca un poco de verde). No se si he explicado todavía que aquí esto funciona al peso: te echas todo lo que quieres y hay establecido un precio por libra. Sale bien si coges mucha lechuguilla y tal, en el momento que caes en los tomates y los huevos duros, la ensalada se va de precio....
El museo es un edificio enorme cuyas alas se comunican por pasillos que parece que nunca acaban. Nos conformamos con una corta visita a la zona de arte moderno, que es mi prefe, porque no hay mucho tiempo.
Seguidamente, entramos al National Museum of Natural HIstory. Como su nombre indica, está dedicado a la historia animal. Está muy bien montado porque hay salas temáticas donde encuentras animales a tamaño natural: desde los océanos hasta la selva, pasando por los dinosaurios. Es perfecto para niños y muy interesante para mayores. Nos emocionamos tanto dentro que, a la salida, ya no hay tiempo para ir al museo del espacio, que pintaba bastante interesante pero… otra vez será.
Ya de vuelta al hotel, pasamos cinco minutos por un “a bou pain”, una cadena de “panaderías” donde tienen un montón de pasteles, galletas, croissants con una pinta de vicio! Nos damos un homenaje y cogemos las maletas. Un señor muy amable del hotel sale a la calle con nosotras y empieza a tocar el silbato para parar un taxi! Flipante. El pobre se pegaría unos 5 minutos allí soplando. No creas que vino el taxi pronto… Le damos las gracias con una gran sonrisa y nos metemos pa dentro preguntándonos si deberíamos haberle dado propina. Pobre, la verdad es que se lo curró…
Una vez en la estación de tren, recogemos nuestros billetes en una maquinita pasando el código de barras del papel que imprimimos en casa. Así da gusto… y ala, de vuelta a la ctiy. Ya tengo ganas de ver movimiento por las calles otra vez.
Francamente… Washington tiene muchas cosas que ver pero, finalmente, todas son increíblemente parecidas: edificios grandes, de piedra blanca y con columnas gordas tipo el Partenon de Grecia. Así es el Capitolio, la Casa Blanca, el Lincoln Memorial, el museo de historia natural, la National Gallery… ¿sigo?

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