sábado, 14 de febrero de 2009

BYE BYE WASHINGTON











2 FEBRERO

Julia se ha ido esta mañana a hablar con el teniente-coronel Muñoz a la agregaduría militar española en Washington. Sólo pensarlo… da miedo. Pero ahí se ha ido, con un par a ver si le echan una manita con su empresa. Yo me he quedado en el hotel completando el boletín de la bodega y preparando algún mail para enviar el martes.

A mitad de mañana vuelve con no muy buenas noticias, pero no dejamos que nos amargue el día. Todavía tenemos 8 horas por delante en Washington. Así que dejamos las maletas en el lobby del hotel y nos vamos al Capitolio a hacer una visitilla. Una visita… al centro de visitantes again, porque no te enseñan el capitolio por dentro. Simplemente hay un subtarraneo muy cerca donde hay unas salas en las que te hablan del edificio, sus habitantes, sus habitaciones… No está mal, pero no deja de ser un poco decepcionante. Imagino que siempre será así pero además, hay que añadir que todavía están desmontando todos los escenarios del día del nombramiento de Obama.

Nos conformamos con unas fotos por afuera, aprovechando que hace un dia magnifico y nos vamos hacia el Mall, el paseo donde se encuentran todos los museos. Curiosamente, todos son gratis. Decidimos echar un vistazo a la National Gallery of Art, donde aprovechamos para comer, siguiendo la recomendación de la Lonely Planet. Al final, nos decantamos por el buffet libre de ensaladas (hoy ya toca un poco de verde). No se si he explicado todavía que aquí esto funciona al peso: te echas todo lo que quieres y hay establecido un precio por libra. Sale bien si coges mucha lechuguilla y tal, en el momento que caes en los tomates y los huevos duros, la ensalada se va de precio....

El museo es un edificio enorme cuyas alas se comunican por pasillos que parece que nunca acaban. Nos conformamos con una corta visita a la zona de arte moderno, que es mi prefe, porque no hay mucho tiempo.

Seguidamente, entramos al National Museum of Natural HIstory. Como su nombre indica, está dedicado a la historia animal. Está muy bien montado porque hay salas temáticas donde encuentras animales a tamaño natural: desde los océanos hasta la selva, pasando por los dinosaurios. Es perfecto para niños y muy interesante para mayores. Nos emocionamos tanto dentro que, a la salida, ya no hay tiempo para ir al museo del espacio, que pintaba bastante interesante pero… otra vez será.

Ya de vuelta al hotel, pasamos cinco minutos por un “a bou pain”, una cadena de “panaderías” donde tienen un montón de pasteles, galletas, croissants con una pinta de vicio! Nos damos un homenaje y cogemos las maletas. Un señor muy amable del hotel sale a la calle con nosotras y empieza a tocar el silbato para parar un taxi! Flipante. El pobre se pegaría unos 5 minutos allí soplando. No creas que vino el taxi pronto… Le damos las gracias con una gran sonrisa y nos metemos pa dentro preguntándonos si deberíamos haberle dado propina. Pobre, la verdad es que se lo curró…

Una vez en la estación de tren, recogemos nuestros billetes en una maquinita pasando el código de barras del papel que imprimimos en casa. Así da gusto… y ala, de vuelta a la ctiy. Ya tengo ganas de ver movimiento por las calles otra vez.

Francamente… Washington tiene muchas cosas que ver pero, finalmente, todas son increíblemente parecidas: edificios grandes, de piedra blanca y con columnas gordas tipo el Partenon de Grecia. Así es el Capitolio, la Casa Blanca, el Lincoln Memorial, el museo de historia natural, la National Gallery… ¿sigo?

viernes, 13 de febrero de 2009

WASHINGTON 2





















1 FEBRERO

He dormido genial en esta supercama. Casi ni me acordaba de que Julia estaba allí al otro lado. Así que nos despertamos con energía para atacar la ciudad previo brunch. Tenemos ganas de probar un american breakfast de estos que hacen a media mañana y ellos llaman ya brunch. Pero son las 10 y parece que está todo cerrado porque abren a las 11. Me parece muuuuuuuy fuerte. Así que nos tomamos un zumo y un croissant y vamos a por el metro.

Pillamos una tarjeta de 5$ porque aquí el metro va como los trenes y te cobran según trayecto y como no sabemos muy bien, pues echamos 5$. Nuestra primera parada es el Pentágono.

Para las visitas es necesario concertar cita con antelación, lo cual no hemos hecho. Pero vamos de todas formas a curiosear un poco. Y cuando llegamos nos quedamos flipando porque la parada del metro está casi pegando a uno de sus cinco laterales. Nos imaginamos un perímetro de distancia de seguridad o algo así… pero nada. Lo único que no te dejan hacer es fotos muy cerca de los muros. La pared está llena de ventanas y sólo nos podemos imaginar a las 23.000 personas que trabajan allí adentro. Para nuestra sorpresa, nos encontramos con un memorial de las víctimas del 11-s. Esta ciudad está llena de memoriales que aparecen en las guias, pero este todavía no. Es muy sencillo, con unos pequeños monumentos que parecen bancos con agua por debajo para cada una de las 180 víctimas del atentado. En el avión iban 59 y el resto eran trabajadores del Pentágono, que quedó destrozado en un 20%.

Hacemos las fotos de rigor y nos vamos al Cementerio Nacional de Arlington, que queda a una parada de metro. Allí se encuentran unas 300.000 tumbas de soldados estadounidenses muertos en los principales conflictos del país (que no han sido pocos) desde la guerra de la Independencia hasta la actualidad. Es sorprendente ver todas las lápidas iguales, blanquitas, pequeñitas, alineadas sobre el césped verde (imagino que en verano estára más bonito porque ahora está sequillo después de las nevadas) en filas todas iguales. No puedo dejar de acordarme de los viñedos de Lecera. No porque estén muertos! Sino por estar tan alineados en la colina. Visitamos primero la tumba de Kennedy, donde Jacky hizo poner una llama que siempre está encendida. Allí están ellos dos y sus hijos. Luego, vamos a la tumba de los desconocidos, un templo que recuerda a las miles de personas cuyos cuerpos no fueron reconocidos. Tenemos suerte (por fin) y llegamos a la una, cuando se hace el cambio de guarda. Me resulta muuuuy diferente al cambio de guarda del mismo memorial de Moscú, pues estos americanos dan pasos muy sigilosos, como si trataran de no despertar a nadie allí yaciente. Aunque viene un superior y nos ordena a grito pelado ponernos de pie ante aquel acto militar. Se pegan casi 20 minutos para cambiar la guardia.

Después de ello, salimos pitando porque aún queremos pasar por el memorial de Lincoln antes de ir a Chinatown, donde van a celebrar el Año Nuevo Chino. Tras casi media hora de camino andando, llegamos al memorial de Lincoln, un edificio enorme, muy parecido al Partenon, subido en una colina, desde donde un Lincoln de 3 metros divisa sentado en un sillón el monolito del Washington Monument tras una piscina larguísima. En 1963, 200.000 personas se reunieron allí a favor de los derechos civiles y Martin Luther KIng pronunció su famoso discurso “I have a dream”.

Muy cerca, se encuentra el Memorial de los veteranos de Vietnam. Son dos triángulos de mármol negros clavados en la tierra (uno mira al Lincoln Memorial y otro al Washington Monument) donde están los nombres de todos los que murieron en la guerra de Vietnam desde el 1959 hasta el 1975. Varios veteranos (alguno de ellos mutilados) están allí para informar al visitante.

Nos vamos corriendo a Chinatown. Nos hemos perdido el desfile pero esperamos llegar a la traca final que será a las 3,45pm. La calle está abarrotada de gente. Conseguimos ver al fondo algunos dragones que suben y bajan sus cabezas. Y, después de hacernos un sitio bastante cerca y de esperar de pie (moliéndonos los riñones) una hora de reloj… suspenden el evento. Y todavía no sabemos el por qué. Nos hemos quedado a comer en un restaurante de alli pero nadie sabia nada. Por cierto, nos traen de postre las galletitas de la suerte con mensaje incluido. A Julia le habla del amor y a mí del Carnaval. El destino...

Para bajar la comida, damos un paseito y descubrimos el museo del retrato muy cerca de allí, y además, cierra a las 7. Así que damos una vuelta. Obviamente en el apartado de “new arrivals” hay un retrato de Obama que aquí en Washington está en todas partes. De hecho, ayer estuvimos en una tienda enorme en la que solo vendian souvenirs de Obama y en un centro comercial hemos visto una pancarta en toda una pared donde le daban la bienvenida a Mr. President.

Ya de vuelta a casa, intentamos buscar un bar donde ver el comienzo de la superbowl. Hoy es el primer dia de partido. Y mientras buscamos béisbol en la tele, todas tienen rugby. Qué extraño! Obviamente, al llegar al hotel, más que muertas, nos damos cuenta de que la superbowl es de rugby.

WASHINGTON 1










SÁBADO 31 ENERO

Nos levantamos superpronto para ir a desayunar al sitio de las amish y, sin saber muy bien qué pedimos le decimos que queremos un huevo frito con scrapple, que es lo que nos recomendó la chica del hostel. Al final, resulta que el scrapple es como una masa de croqueta con forma de rebanada de
pan de molde y está bastante bueno. Nos sorprende ver a un montón de gente desayunando a la americana (es decir, contundentemente) y son sólo las 8 de la mañana.

Justo media hora antes de llegar a Washington y, todavía en el autobús de los chinos (esta vez lleno de gente), nos damos cuenta de que quizá nuestra reserva en el hostel no estuviera confirmada. Así que nos toca buscar un bar con wi-fi nada más llegar para comprobar si tenemos algún sitio donde dormir.

Nos metemos en el primero que vemos cartel wi-fi y resulta ser una cadena de restaurantes que se llama HOOTERS y las camareras van con mini-shorts color naranja (de esos casi metidos por el culete), camisetas de tirantes con escotazo blancas, delantalito, calentadores y zapatillas. Solo les faltaban los pompones. Era para verlo. Obviamente, estaba lleno de tios (y alguna familia también), la mayoría con sus camisetas del hockey. Era gracioso ver como cuando les conducían a la mesa, iban detrás de la camarera tratando de no mirar su culo…
Pero a nosotras no nos sirvió de nada tanta camarera mona, porque no pudimos conectarnos a Internet, por más que el manager decía que era free! Así que tuvimos que ir a un Starbucks y acabar pagando 3,75$ por 2 horas de Internet. Flipante! Al final, para que el hostel nos confirmara que no teníamos la reserva hecha y que solo nos quedaba una cama libre. Yujuuuu!

Para no liarnos con más cambios y vista la suerte que llevamos en este viaje, decidimos dormir en el mismo hotel que teníamos para el día siguiente (patrocinado por HispanoVema porque Julia tiene entrevista el lunes) que, aunque nos saldrá un poco más caro, será mucho más confortable.

Y tanto!!! Nos dan habitación en la planta 10 con cama KING!! O sea, 1,95 x 2 m. Yo creo que aquí pueden dormir 4 personas!!! Y, aunque la tentación es grande, nos vamos a explorar la ciudad. Dirección: la Casa Blanca. Aún no habíamos llegado al punto de la verja donde estaba todo el mogollón de gente haciendo fotos cuando pasan al lado de nosotras 3 coches oficiales que casi no paran en la garita que teníamos al lado. En el primero, aún con los cristales tintados se ven detrás 2 mujeres: una blanca y rubia y otra morena y negra. ES MICHELLE!!!! A mi no me dio tiempo a distinguirla pero Julia jura y perjura que era MICHELLE OBAMA. La verdad es que casi no pararon y llevaban 2 coches más detrás. Se veía una señora corpulenta, alta, negra, con el pelo liso… Probablemente fuera ella!!! Cuando llegamos a la verja, los coches están en la puerta, pero ya no se ve a nadie. Hacemos la foto de rigor y vamos al visitors center de la White House, un edificio donde han puesto algunas curiosidades acerca de la casa y poco más.

Después, comimos una hamburguesa en un restaurante superamerican, con los bancos de piel roja… y el cajero, un hombre extraño donde los haya, nos dio conversación en inglés, a pesar de ser español, porque no quería confundirse hablando en un español que parecía haber olvidado. (¿!). Con la panza llena, damos un paseo por el Mall, una amplia avenida que une el Washington Monument con el Capitol. Está llena de museos a los lados pero extrañamente cierran a las 5,30, con lo cual no podemos entrar a ninguno. De todas formas, descubrimos que frente a la Nacional Gallery, han convertido una fuente en pista de hielo y hay un montón de gente patinando. Parece ser que en Invierno no hay ciudad que se queda sin pista de patinaje!!!

De vuelta al hotel, caminamos cerca de 2 horas por una ciudad fantasma en la que podemos andar más de media hora sin cruzarnos a nadie!!! Sólo encontramos una avenida abarrotada de gente haciendo fila para entrar al Versión Center, un estadio que se encuentra en mitad de la ciudad donde hubo hockey en la mañana y Basket por la tarde. Fuera de ahí, no se ve a nadie por ningún lado. De hecho, muchos restaurantes y bares están cerrados!!!

Nos acercamos al Dupont Circle, una zona de bares que nos recomendó la recepcionista y en la que esperábamos encontrarnos algo más animado de lo que hay. Realmente, es difícil encontrar un bar. Un bar normal, que no sea también restaurante. Pero, al final, lo encontramos y mientras echamos una cerveza y miramos el mapa de la ciudad en busca de un lugar para hacer brunck mañana, unos chicos muy majos nos recomiendan algún sitio. Ya de vuelta al hotel, entramos en una pizzería y pedimos pizza de Pera caramelizada y queso gorgonzola para compartir y con tub water (agua del grifo) que no estamos para derrochar. Aquí es habitual que te ofrezcan agua del grifo, no te la cobran, pero la gente se suele pedir otra cosa más para beber… o no. Un poco decepcionadas con el poco ambiente de la ciudad, volvemos al hotel donde nos espera nuestra cama KING.

martes, 10 de febrero de 2009

PHILADELPHIA


















VIERNES 30 ENERO

Parece que ha habido suerte y en el bus que cogemos no hay muchos chinos. De hecho, no hay mucho de nada porque está bastante vacío. Será porque es invierno porque estos buses que van de Chinatown a
Chinatown de cada ciudad son los más baratos y, por lo tanto, los más concurridos por los turistas. En el trayecto, me doy cuenta de que me he olvidado la cartera, así que Julia me abre carta de crédito con la suya (no será lo único que nos olvidemos en este viaje…) Tardamos unas 2 horas en llegar a Phily, como llaman los americanos a esta ciudad tan llena de historia y, una vez allí, nos disponemos a buscar nuestro hostel. Durante los 10 minutos que caminos empezamos a ver una ciudad muy diferente a Nueva York, con edificios bajos y con gente bastante más normal, nada de estridencias, nada multirracial (a excepción de blancos, negros y chinos) y bastante conservadora.
Una vez en el hostel, la chica nos pide los pasaportes y, muy precavidas nosotras, no lo solemos
llevar encima para no perderlo. Asi que Julia lleva su DNI español y yo ni siquiera eso porque no traigo la cartera. La chica se pone seria y nos dice que sólo hacemos el check-in con el pasaporte. Antes de que cunda el pánico recordamos que se lo enviamos por mail a una de las secretarias de Toshi para reservar el apartamento, con lo cual Internet nos salva la papeleta y podemos hacer el check-in aunque no nos dejaran entrar en la habitación hasta las 3pm. Así que pillamos la bufanda y nos vamos a ver qué nos ofrece Phily.

Nuestra primera parada es el centro de visitantes de Philadelphia. Allí empezamos a intuir la importancia en la historia de USA de está ciudad. Vemos un video de cómo se firmó la declaración de la Independencia en 1776 y la ciudad se convirtió en la capital de la recién fundada nación. Este centro se encuentra en el Independence Nacional Historic Park, un parque urbano de 18 hectáreas donde se encuentran varios edificios del siglo XVIII relacionados con la Independencia de los Estados Unidos.

Así que luego visitamos el LIberty Bell Center, un pequeño museo donde se encuentra la Campana de la Libertad en la que se puede leer: “Proclama la libertad por todo el país”. Por lo que se ve, se convirtió en todo un símbolo durante el siglo XVIII y posteriores, ya que también luego la usaron las mujeres para reclamar sus derechos. De tanto usarla, se rompió y ahora la tienen allí para admirar. De hecho, nada más llegar apareció un grupo de escolares en el que curiosamente, casi todas las niñas eran musulmanas porque llevaban pañuelo (todavía no habíamos visto mucho arabe por aquí…)
Cabe destacar a la entrada del museo, un cartel donde se prohibe el acceso con: armas, cuchillos, explosivos y, por último, comida y bebida. Como si la campana no estuviera ya lo suficientemente destrozada ya. Estos americanos viven constantemente “acojonaos” por lo que pudiera pasar y son muy precavidos (pero ya hablaré otro día largo y tendido de esto).

Junto a este edificio, se encuentra el Independence Hall, un edificio patrimonio histórico de la Humanidad, donde se firmó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Un señor con pintas de militar, que parecía más un guarda de Yellowstone, se encargó de enseñárnoslo muy solemnemente y a grito pelao.

Por esta zona, también pudimos ver; la City Tavern, una taverna que fue el escenario de encendidos debates durante la época colonial y que todavía sirve comidas y bebidas; la casa de Betsy Rose, una casa del siglo XVIII donde vivió la mujer a la que se le atribuye haber bordado la primera bandera de los Estados Unidos y Elfreth´s Alley, la calle más antigua de la ciudad, compuesta por pequeñas casitas de colores donde vivieron inmigrantes irlandeses.

Para saciar el hambre tras tanta andada, fuimos a Jim´s Steaks, un peculiar “restaurante”, famoso por servir el mejor Philly cheesesteak de la ciudad, su bocadillo más representativo hecho de filete de ternera picado y queso. Hasta Bon Jovi estuvo en el 90 comiendo algún bocadillo guarro en este garito tan destartalado que lleva 60 años de éxito. De camino al downtown también encontramos una pequeña casita pintada de rosa que resultó ser una pastelería, donde no pudimos resistirnos a coger un pastel de chocolate de verdad, con nata y avellanas. Estaba increíble!!!

Antes de que anochezca, llegamos al Reading Market, un mercado cubierto donde la chica del hostel nos ha recomendado los desayunos en un puesto donde hay mujeres amish atendiendo. Aquello es una maravilla: hay puestos con comida de todos los paises asiática, japonesa, turca, griega, italiana, mexicana, caribeña… Y, acabamos tomando un smoothy, que es un zumo de varias frutas, recién licuadas, y lleno de vitaminas que sabe a gloria.

Al final de la tarde, volvemos al albergue a hacer el check-in. Descubrimos una habitación enorme (para 24 personas) bastante cuidada y, por suerte again, con poca ocupación. Tenemos como vecina una señora de unos 60 años, que va con un andador porque parece tener parálisis en la parte derecha del cuerpo y tiene la cama llena de recortes de Obama. Era curioso porque las puertas se abrían con código y, sin embargo, eran tan malas que podrías haberlas tirado abajo con una patada. Pero, en general, no estaba mal. Esa misma tarde había micrófono abierto para espontáneos, pero casi mejor no quedarse porque había un tiparraco cantando con una guitarra que daba más pena que otra cosa. Además, muy cerca había bares y garitos con música. Así que después de cenar decidimos salir de copas.

Entramos muy decididas al primer garito y el portero nos increpó muy maleducadamente: “ID!!!!!”. Nos estaba pidiendo identificación y yo, me había vuelto a dejar el pasaporte en el albergue”. En nuestro segundo intento para entrar en otro garito (pensamos que no lo pedirían en todos…) nos pasó lo mismo. Con lo cual, decidimos ir a buscar el pasaporte, bueno, en realidad, la fotocopia del pasaporte. Una vez con ella en el bolsillo, pasamos de volver a entrar a los garitos donde ya nos habían gritado y, al final, como nos daba vergüenza sacar nuestras fotocopias, acabamos en un mexicano bebiendo margaritas tan ricamente sin necesidad de identificación ni leches. Acaso tenemos pintas de tener 21 añetes?