domingo, 18 de enero de 2009

GOSPEL EXPERIENCE

Este domingo, nos hemos levantado temprano, nos hemos puesto la ropa de ir a misa y nos hemos cruzado Manhattan para ir a una misa Gospel. Existen rutas organizadas, pero hemos decidido mejor buscar por nuestra cuenta en busca de una AUTÉNTICA misa gospel que no estuviera repleta de turistas. Y vaya si la hemos encontrado.

La misa comenzó a las 11, pero nosotros llegamos ya casi a las 12 menos cuarto. Justo cuando uno de los minister estaba predicando. No sabíamos si nos dejarían entrar, pero una señora que iba con su niño nos invitó desde fuera a pasar amablemente.


Ya dentro, unas señoras vestidas como enfermeras de la Segunda Guerra Mundial (con bata y cofia blanca y chaquetita roja) superauténticas (luego descubrimos que eran como monaguillos), nos acomodaron en la primera salita. Esta era la primera zona de la entrada donde se veía la sala principal desde unas cristaleras. Desde allí vimos el sermón del minister y empezamos a flipar viendo a las señoras que teníamos alrededor asintiendo continuamente y en voz bien alta a lo que decía el minister. “Yes”, “Thank you God”, “Oh, yes”, “Thanks”, “Yes, yes, yes”.


Una vez acabó el sermón, nos dejaron incorporarnos a la sala principal donde había dos filas de unos 15 ó 20 bancos muy mullidos. En la sala habría unos 80 fieles. Y en la zona de altar habría unas 30 personas. Todos ellos eran negros, a excepción de unos 15 turistas que íbamos a ver el show. Llamaban la atención las abuelitas, todas muy arregladitas con sus abrigos y sus sombreros, los señores todos de traje y mucha gente joven. Durante la misa, varias personas subieron a la palestra a hablar de diferentes cosas.

Al poco de entrar a la sala grande, llegó la hora de “darse la mano” y fue realmente emocionante, porque hicieron referencia a sus visitantes (que éramos nosotros) y al hecho de no hacer como si no nos conociésemos y todo el mundo se empezó a saludar con grandes abrazos. Pero no sólo con el de al lado, delante y atrás, como se hace en España. No! La gente de los asientos de delante, se movía hacia los de detrás y muchos de ellos se acercaron a nosotros a saludarnos con abrazos y apretones de manos mientras nos decían “God bless you!” con una gran sonrisa. Realmente acogedor! En aquel momento pensé que la misa se acababa pero casi no había hecho más que empezar. Y llevaban 1 hora.

Después de aquello, hubo un momento en que hicieron otra vez referencia a nosotros y se rezó una oración con intérprete simultáneo en castellano (una chica sudamericana). Al poco, el coro cantó la primera canción que escuchábamos y fue literalmente increíble. De repente, sientes que se te pone el vello de punta y emociona.


A partir de ahí, toda la misa la ha dirigido una señora muy bien puesta que hablaba todo el rato como si fuera Opra Winfy. Qué manera de predicar. No había quien la callara! Hubo un momento que dijo si alguien era nuevo en la Iglesia y quería decir algo. Automáticamente, tres señores y una señora se levantaron y, uno a uno, se presentaron y dijeron el por qué estaban allí. El señor que teníamos delante nos invitó a hacer lo mismo, pero declinamos su opción amablemente. Quizá la próxima vez nos animemos!


Más adelante, continuó el sermón. Nada que ver con los aburridos sermones y temas de la iglesia católica española. Ella estuvo continuamente hablando de la felicidad, de la búsqueda de la felicidad y de que ésta comienza en uno mismo, no en todo lo que tenemos alrededor. Hubo un momento en que por las dos pantallas que estaban al lado del altar apareció una frase con un mensaje importante para TODOS y, realmente, un lema a seguir:


HAPPYNESS DOES NOT BEGIN AROUND YOU, BUT INSIDE YOU.

La oradora lo explicó haciendo chistes, contando una anécdota que le ocurrió con su marido, mientras la gente se reía y contestaba continúamente “Amen”, “Amen”. Lo cierto es que se pegan toda la misa diciendo “Amen”, pero no de una forma programada y anodina como en España, sino conforme a ellos les parece, en ato y con gran decisión dicen “amen” continuamente, como diciendo… “sí, señor! Estoy de acuerdo con lo que dices”.


Pero, sin duda, lo mejor vino cuando comenzaron a cantar una canción y la fe se apoderó de todos. El coro comenzó a cantar de una forma animada, pero un poco lenta. Poco a poco, algunos se levantaron y cantaban y bailaban un poco con las manos en alto, pero la canción se fue animando progresivamente y algunos de ellos comenzaron a bailar como locos y a dar vueltas, e incluso a llorar como de felicidad… Fue algo realmente increíble. Las abuelitas bailando como locas, la enfermera que bailaba tanto que perdió la cofia y al final la tuvieron que sentar entre dos porque casi le da un soponcio… Bueno, se me olvidaba comentar que el coro canta al son de 3 teclados y una bateria! Todo con su correspondiente mesa de mezclas entre los bancos. Al acabar la canción y tras el éxtasis celestial, comenzó el batería a tocar un ritmo super-rápido, sin letra, muy animado y, entonces, comenzó la felicidad y empezaron a bailar superdeprisa, incluso las abuelitas. De verdad que me faltan palabras para describir la escena. Doy fe de que aquello no era un teatro porque los ves y sentías que realmente lo hacían de corazón. No era una iglesia para turistas! Lo hacen así cada fin domingo.


Después de aquello todo se volvió a calmar y la ministra habló de lo importante que era el próximo martes, un día que iba a marcar historia y que había que rezar por Obama y su familia y que podrían ir a la iglesia a ver la retransmisión del nombramiento de Obama.


Tras la petición por el futuro president nombraron a varias personas y dijeron que era su cumpleaños. Y, como no, les cantaron el Happy Birthday. Luego también hicieron una recogida de donativos: sacaron unas papeleras y las pusieron en el altar. Todo el mundo se levantó y fue a entregar su donativo metido en un sobre mientras el coro cantaba. Nadie vino a ofrecernos el sobre ni a pedirnos nada.


Al final ya de la ceremonia, los ministers se acercaron al altar e hicieron en silencio algo parecido a bendecirse entre ellos. Antes de acabar la misa, hicieron otra oración con traductor en castellano, invitándonos a unirnos a su Dios y luego preguntaron quién habia rezado esa oración por primera vez.


Para terminar, los minister se fueron por el pasillo y la oradora se acercó a nosotros a darnos las gracias por habernos quedado hasta el final. Llevaban ya 2 horas y media de misa! Al irnos, los señores vestidos como de conserjes nos invitaron a volver cuando quisiéramos.

Creo que ha sido la experiencia religiosa más increíble de mi vida. Dan ganas de convertirse al rollo baptista. Así, da gusto ir a misa. Sin duda, volveré. Amen!

1 comentario:

  1. Después de una misa Gospel te recomiendo ir a comer al restaurante Sylvia's en Harlem (soul food) para seguir inmersa en el ambiente. A veces hay filas pero, en mi caso, mereció la pena. Besos.

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